Nadie estuvo allí para ver sus ojos mientras se despedía de todas sus angustias. Cuantas deudas rotas con su partida? Cómo despedir un ser sin detenerte a pensar en la cantidad de luz que apagas al liberar su alma? Dónde estás ahora?
La hierba se quema con frío o con el sol y sus restos son el abono de nuevos retoños. Al dejar nuestro cuerpo abandonamos nuestra identidad y nos unimos al reciclaje universal.
Vuela mi querido Ñeque alado.
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